Read 4 fit: Feynman y el efecto carga

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Aquel día entre columnas de libros y centenares de hojas manuscritas, sazonadas con complejas fórmulas a medio hacer, Richard Feynman anotó en la esquina de un recorte:

“Nada ocurre porque sí. Todo en la vida es una sucesión de hechos que, bajo la lupa del análisis, responden perfectamente a causa y efecto”.

La reflexión de este notable físico no deja lugar a dudas, en un mundo gobernado por las leyes de la física, nada ocurre por casualidad. Los seres humanos somos complejos organismos que se rigen por leyes fisicoquímicas, y no estamos exentos de la ley causa-efecto.

De hecho, este principio es el que fundamenta todas las teorías y principios habidas y por haber sobre entrenamiento.

Cualquier mejora de la condición física es el efecto causado por el entrenamiento.

Dependiendo qué efectos o qué mejoras se busquen debemos aplicar algún tipo de “carga” que  supondrá un esfuerzo físico desafiante para el organismo para su posterior sobrecompensación o mejora.

Puede haber diversas manifestaciones de carga, dependiendo el objetivo del entrenamiento; a saber: kilos, velocidad, distancia… Por ejemplo el aumento de las distancias en un ejercicio cardiovascular, en aumento de kilos en un ejercicio de fuerza.

Si bien es cierto que la carga debe aumentar progresivamente para poder seguir obteniendo mejoras, estas tienen su “tempo”, y  evolucionan a ritmo distinto en cada persona. Es imposible determinar cuándo se obtendrá una mejora u otra, (al menos hasta la fecha). Aún con la misma mecánica, los mismos órganos con el mismo funcionamiento, cada persona es única (indiscutíblemente) y reacciona de forma distinta ante los mismos estímulos que sus semejantes.

La selección de la carga adecuada debe ser escrupulosamente medida de forma individual. Sin pretensiones demasiado optimistas que excedan la capacidad real, queriendo hacer más de lo que se puede aumentando peligrosamente el riesgo de lesión. Mucho no es sinónimo de mejor. Tampoco una modestia exagerada, pues si no hay suficiente carga, no hay suficiente estímulo y no hay mejoras.

La carga y el tiempo de aplicación de esta, provocará un desgaste, una fatiga, que puede llegar a la incapacidad temporal de continuar con la actividad. Esta fatiga, se manifestará de formas distintas en relación al tipo de carga que estemos aplicando, Serán por norma general, señales que indican que estamos en el límite y deben tomarse en cuenta. Llegados a este punto, el entrenamiento ha terminado.

Aunque el ideal es rendir al 100% en cada entrenamiento hay días que por diversos motivos no se puede. Días donde quizás la mente está fuera y el cuerpo no acompaña. Como bien decía Ortega y Gasset “Yo soy yo y mis circunstancias” y aunque el ideal sea rendir al máximo, no pasará absolutamente nada por bajar un poco el listón, ya volverá a subir mejores “circunstancias”.

Maty

Maty Carol

Entrenador personal
Fitness Management
mcarol@moli-llum.es
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