Read 4 fit: La analogía musical

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Un entrenamiento podría ser como una composición musical.

La música tiene una estructura (al igual que un entrenamiento), tiene un “ritmo”, una intensidad y duración determinada.  Hay momentos que se repiten, como el estribillo de una canción. Algunas, despuntan el silencio con un principio progresivo, donde poco a poco se van añadiendo distintos instrumentos hasta llegar a la parte central, la parte que te llega, te atraviesa y te remueve por dentro. Posteriormente, tras la última nota llega el de nuevo silencio, que te devuelve a la calma. Pero la música sigue resonando por dentro, escapando de los filtros racionales hasta hallar algún rincón en la emoción.  

De un modo similar, un entrenamiento te altera, crea un estrés fisiológico, un agotamiento. Al poco de cesar el entrenamiento, se inician los procesos de recuperación que permitirán  mejorar. Es en  la ausencia de entrenamiento, en el descanso, donde se produce cualquier mejora física.

Algunas de las composiciones musicales más bellas jamás escritas son relativamente cortas. Es esos casos, algunos quisiéramos que se extendieran más, pero el ágil compositor sabe que más no es mejor, que lo bueno y emocionalmente intenso debe ser breve.

Como un entrenamiento intenso, no puede ser muy prolongado en el tiempo. La alta intensidad  agota rápidamente disminuyendo  la capacidad para mantener el esfuerzo. Intentar prolongarlo el esfuerzo por encima de las capacidades aumenta exponencialmente el riesgo de lesión.

Otras imposiciones musicales son más extensas y más lineales, sin tantos altibajos, creadas para mantener al oyente durante un largo periodo en un estado de semirelajación (Esto excluye a Wagner). Un carrusel de diversas emociones de media frecuencia, y largos conciertos.  

Es como un entrenamiento de intensidad baja o  muy moderada requiere ser mantenido durante el máximo tiempo posible. Un deporte de resistencia, por ejemplo. Largas distancias, largos periodos de tiempo de entrenamiento.

Tenemos casos donde los patrones musicales clásicos no siguen las reglas clásicas. Poseen momentos muy intensos precedidos por otros más melódicos, momentos monocordes, a un paso del silencio absoluto, que anuncian y preparan para una rápida ascensión a tonos entrelazados de notas mayores. Esta montaña rusa tiene momentos intensos y momentos menos intensos.  Se asemejan a un entrenamiento interválico, donde el tiempo de trabajo se intercala con periodos de baja intensidad o de pausa. De este modo, la pausa nos otorga una leve recuperación para poder seguir con la máxima intensidad durante los periodos de trabajo. Si no fuera por esos pequeños descansos, la intensidad no podría mantenerse.

Cierto que hay momentos para un tipo de música u otro.

Dicen que aquel que escucha diversos tipos de música desarrolla un mejor criterio y un mejor “oído”. En la variedad está el gusto. Al igual que quien se beneficia de diferentes tipos de entrenamiento, recibiendo multitud de estímulos obtiene diversos beneficio a distintos niveles.

Pero, a diferencia de la música, donde el compositor crea una composición para muchos oyentes, el entrenamiento debe adaptarse de un modo individualizado. Cada persona debe tener su propia “partitura” con una composición a medida.

Dependiendo de tu objetivo, escoge el tipo de música, (tipo de actividad) el ritmo (la intensidad), escoge los instrumentos, (los ejercicios) y con el tiempo, mejora la composición, varía el ritmo y añade nuevos instrumentos.

Maty

Maty Carol

Entrenador personal
Fitness Management
mcarol@moli-llum.es
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