Read 4 fit: La fuente de la eterna juventud

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La vida en los seres humanos, es aquello que galopa incesante desde el primer llanto hasta el último suspiro, efímera como la llama de un fósforo que chisporrotea los primeros instantes y que poco a poco se va extinguiendo. Quizás, la belleza y la “magia” de la vida resida en su fugacidad y nuestra consciencia de la muerte. Quizás las inmortalidad tampoco sea tan buena idea pues “..en un plazo infinito le ocurren a un hombre todas las cosas”  como describe la imaginación de Borges en los Inmortales. No obstante esquivar la muerte ha sido anhelo humano desde la aparición de nuestra racional especie.

Desde que Heródoto en el s.IV a.c  describiera la fuente de la eterna juventud, muchos fueron los que se dejaron la vida tras esta quimera de inmortalidad. Incluso Ponce de León cruzó media Sudamérica hasta florida en una búsqueda infructuosa de la fuente rejuvenecedora de la que hablaban los nativos puertorriqueños.

Los hay que aún siguen buscando un cáliz divino con propiedades rejuvenecedoras supuestamente escondido por los templarios o robado por las huestes musulmanas en un ataque a Jerusalén. Vaya usted a saber.

Lo cierto es que el tiempo no se detiene, ni espera ni hace altos en el camino y el calendario se despoja de los meses con una velocidad vertiginosa.

Mientras nadie diga lo contrario, parece ser que no exista tal fuente de la eterna juventud, así que no podemos ser eternamente jóvenes, pero sí podemos por propios medios hacer lo posible por mantenerse joven el máximo tiempo posible.

La edad cronológica es la edad que una persona tiene y comienza a contar los años a partir del día en que nace. Esta edad es invariable. Pero podríamos decir que también hay una edad biológica, que sería algo así como el estado de conservación del propio cuerpo. A partir de aquí sabemos que hay hábitos que aceleran el proceso de envejecimiento del organismo y otros hábitos que lo frenan.

Entre los hábitos que aceleran el proceso de envejecimiento se encuentran los hábitos tóxicos tales como el alcohol, el tabaco…. y otros hábitos que a priori pueden parecer inocuos pero que a largo plazo son totalmente autodestructivos como el sedentarismo, la inactividad, alimentación inadecuada…

Para establecer una lista de hábitos que frenen el proceso de envejecimiento bastará con evitar los de la lista anterior en el apartado de tóxicos, evitar el sedentarismo realizando algún tipo de actividad física y llevar una alimentación equilibrada.

La supervivencia es una característica intrínseca de nuestro organismo, de todas sus células y sistemas. Ese instinto innato de supervivencia hace posible que podamos adaptarnos a múltiples estímulos. Parafraseando al ilustre Charles Darwin; No sobrevive el (organismo) más fuerte sino el que mejor se adapta. Pero sin estímulos, no hay adaptación.

Un cuerpo con poco movimiento por largas jornadas de sedestación no tendrá necesidad de mantener su aparato locomotor como salido de fábrica. Con el tiempo, la debilidad muscular o hipotonía limitarán la movilidad. Los movimientos que antaño se hacían con facilidad hoy serán esfuerzos titánicos, no solo para los músculos, pues en tales esfuerzos el corazón también se lleva su parte.  Los huesos perderán masa haciéndolos más frágiles y vulnerables. Moverse poco también conlleva gastar poco por lo que es más fácil aumentar el peso corporal con todas sus implicaciones. En fin, un desastre general. En esas circunstancias, la edad biológica superará la edad cronológica. Llegados a este punto revertir el proceso es más complicado.

Cuanto antes se empiece a invertir en los buenos hábitos más garantía de éxito en esta empresa, no hay que esperar pues el tiempo sigue hacia adelante.

Maty

Maty Carol

Entrenador personal
Fitness Management
mcarol@moli-llum.es
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